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Blog Singladura

CAPTEMOS LA ATENCIÓN DEL ALUMNO MEDIANTE LA SORPRESA, EL HUMOR, LA COOPERACIÓN

En Singladura siempre buscamos las opiniones de los expertos, firmas reconocidas del sector educativo. Por nuestra sección de entrevistas han pasado grandes personalidades como Francisco Mora o José Ramón Gamo, entre otros. Chema Lázaro es maestro de Educación Primaria y fue ganador del Premio Nacional de Educación en 2013. Actualmente es  profesor en el Máster de Neurodidáctica de la URJC y profesor del Máster de Neuropsicología y educación de la UNIR. Nos hemos sentado con él y hemos hablado de redes funcionales, neurodidáctica y cómo enganchar a los niños en clase.

Mencionaba Francisco Mora que los profesores deberían ser los profesionales mejor valorados de la sociedad aunque nos tememos que esto no es así ¿En qué punto se encuentran hoy los docentes? ¿Qué aspectos deberían mejorarse para que  -efectivamente- los profesores tuvieran ese prestigio/reconocimiento como lo tienen hoy otras profesionales?

Es preciosa esa cita de Francisco donde nos habla que sean “la joya de la corona” de un país. Lo cierto es que la educación es un tema que -a priori- nos interesa a todos pero pocos dedicamos el tiempo a reflexionar profundamente sobre cómo mejorarla.

Yo soy tremendamente utópico, es decir, confío en que cada vez estamos mejor, hacemos también más eficientemente nuestro trabajo; y si vamos a los datos, así nos los confirman. Otro aspecto diferente es cuánto se está invirtiendo en políticas en educación, ahí es donde creo que hay un gran distanciamiento entre lo que los maestros hacen y las intenciones políticas para que estos tengan las mejores condiciones para ejercer su profesión. En cuanto a los aspectos de mejora creo que habría que poner el foco en la formación inicial en las facultades, más actualizada, flexible y rigurosa; y –por supuesto-  inversión económica en educación. Esto pasa por bajadas de ratios, más profesionales que atiendan las dificultades…creo que son dos medidas que generarían un alto impacto en los resultados más inmediatos.

A un adulto le cuesta mantener la atención al 100% sobre su trabajo, sin embargo se exige que los niños presten atención continua durante 3 o 4 horas por la mañana a materias que, en muchos casos, no son del interés de los alumnos. ¿Cómo logra captar la atención Chema Lázaro a sus alumnos?

Lo cierto es que si prestamos atención a todo, tendría tal coste energético que sería casi imposible sobrevivir. Dicho esto, es bueno entender que esta atención es un conjunto de redes atencionales, que trabajan interconectadas y que unas dependen de las otras. Es importante entender que hay estrategias fantásticas para la captación de la atención, como la sorpresa, el humor, el ejercicio físico, la curiosidad, la cooperación….Son recursos fantásticos para aplicarlos en el inicio del aprendizaje o cuando la fatiga aparece; sin embargo para ayudar a esa otra red atencional consciente, la concentración, encontramos otras estrategias como podrían ser el silencio, los tiempos largos para emitir respuestas, la estructuración de los contenidos, permitir integrar la información, realizar trabajos multisensoriales…

¿Qué prácticas no debería hacer un profesor en el aula?

Quizás todas aquellas que suponen una amenaza para la seguridad emocional del menor, como la generación exagerada del estrés donde bloqueamos todas aquellas áreas asociadas a los sistemas de recompensas. Otra -por ejemplo- es colocar etiquetas al alumnado antes de comenzar cualquier proceso de aprendizaje, donde desemboca en alumnos con una baja autoestima, con baja tolerancia al esfuerzo o asumir errores como un proceso natural de aprender; características que sabemos que son determinantes en los procesos de aprendizaje.

¿Cómo definirías a un buen maestro, un buen tutor?

Aquel que sabe escuchar, que es permeable a las necesidades de su alumnado, que desarrolla su autonomía, le permite en la medida de lo posible participar y tomar decisiones en la vida del aula; quien le potencia los errores y le elogia por sus esfuerzos. Ante los resultados evaluativos le ofrece feedback positivo y de calidad, donde le indica lo que tiene que mejorar como una oportunidad de crecimiento y refuerza sus aspectos clave de aprendizaje…en fin, alguien que quiere a sus alumnos por lo que son y no por lo que hacen.

Chema Lázaro es experto en neurodidáctica. ¿Cómo influye esta área de conocimiento en la escuela?

Puffff, experto es mucho decir. De hecho creo que cuanto uno más sabe o aprende, más se da cuenta que necesita saber más. Sí es cierto es que soy alguien que ama profundamente las relaciones sociales y la neuro me permite entenderme y entendernos de una manera más óptima; me tiene loco todo lo que tiene que ver con la ciencia del aprendizaje y lo relacionado con ella. Dicho esto, está disciplina interdisciplinar nos ayuda a conocer cómo funciona el órgano del aprendizaje en diferentes contextos y cuál es la relación entre este órgano y otras disciplinas como la psicología y la pedagogía. Pero en mi caso particular -que me atrae más la parte didáctica de la neuro- me ayuda a entender cuáles son las mejores estrategias didácticas en función de la fase del neurodesarrollo y del aprendizaje donde se encuentran los alumnos. Quizás también a entender y hacer visible que educar es algo tremendamente complejo y poco simple, donde se ve afectado por muchas variables y donde las contextuales son altamente determinantes.

Los neuroeducadores apuestan que hay que emocionar al alumno para lograr el éxito. ¿Cómo emociona Chema Lázaro a sus alumnos?

Esta expresión, que parece sencilla, encierra una gran cantidad de matices pero creo que ha sido en algunos casos mal entendida, me explico. Para que se produzca aprendizaje trabajamos con la información de forma consciente y es importantísimo activar estas áreas límbicas que regulan la emoción. Ahora no podemos caer sólo y exclusivamente en esta activación, tenemos que migrar esta motivación inicial a objetivos personales vinculados al aprendizaje…Ya que no hay ninguna relación donde a mayor motivación, mayor aprendizaje, esto resulta algo perverso o adulador para los educadores, donde tendemos a activar mucho a los alumnos y no siempre resulta lo eficiente que nos gustaría que fuera. En resumen, no vale únicamente con usar las emociones al inicio, sino que nos tenemos que valer de ellas durante todo el proceso y de diferentes maneras; porque además de estar muy presentes en las fases de activación, también nos ayuda mucho a fijar la información en las memorias a largo plazo gracias a la emoción.

La sociedad se ha transformado más en los últimos 20 años que casi en todo el siglo pasado. Un informativo en televisión no se parece en nada a cómo se hacía hace 40 años, hoy el periodista se mueve por el plató, se insertan tecnologías como la realidad aumentada/virtual… ¿Cómo se ha transformado el aula del siglo XXI respecto a un aula de hace 15 años?

Para mí usando generalidades en bien poco o casi nada. Hemos implementado tecnología, pero no cambios pedagógicos asociados a ellas. Es decir, hemos roto la velocidad del sonido, pero no tenemos ni idea a dónde vamos; y esto resulta peligroso. En gran medida ha sido una implementación tecnológica sustitutiva, hemos cambiado una pizarra por otra, un libro por otro…pero poco más.

Ahora, es verdad que podemos ver claros ejemplos de proyectos educativos que se valen de la tecnología para amplificar su misión y su visión, donde ésta les sirve para generar experiencias increíbles que sin la tecnología no podrían usarse.

Por otro lado, siento que hemos tendido a digitalizar las cosas y no a entender cómo la tecnología nos está cambiando. Esto está haciendo que aprendamos a usarla e implementarla dentro de las aulas a rágafas, golpetazos, experimentos…Es más creo que ese profe de hace 40 años, si entrara a casi cualquier aula de hoy día, podría dar clase sin problema.

Nos queda dar respuestas a cómo esta afectando la tecnología al desarrollo de nuestro cerebro…un gran reto por delante.

El concepto de la hiperaula avanza y algunos docentes universitarios lo llevan aún más lejos, “cualquier sitio es bueno para el aprendizaje” ¿Dónde te gustaría a ti impartir una lección a tus alumnos, que no fuese ni el aula ni dentro del colegio? ¿Por qué?

¡En el bar! Y no es por moderno. Esto ya lo aplicaban los poetas en Madrid allá por los años 20-30. Me gustan los espacios informales, que permitan diálogos profundos y tranquilos similares a los de casa. En mi caso en la cafetería de la facultad aprendí muchísimo, era un lugar donde asistía de forma voluntaria, donde el ambiente distendido ayuda a la conversación. Pocas cosas hay mejor que una conversación sobre educación en una sobremesa con amigos.

Hilando con la pregunta anterior, las aulas del siglo XXI persiguen una disposición donde se empuja al alumnado a que trabajen de manera cooperativa. ¿Por qué es tan bueno este sistema de aprendizaje?

Porque el cerebro es un órgano social, aprende en la relación e interacción con otros cerebros. Porque ante situaciones de aprendizaje cooperativo nuestro cerebro tiene más áreas implicadas en esos aprendizajes que si lo hace sólo. Por otro lado, cooperar es una necesidad: si como educadores consideramos que es tiempo de generar un mundo más justo, esto pasa por entender que la diferencia es una oportunidad personal y grupal. Además los maestros cuando explicamos contenidos estamos llenos de automatismos e implementamos dinámicas cooperativas que nos permiten que se den enseñanzas entre iguales; que no sólo vienen bien al que aprende, sino que también es beneficioso para el que enseña.

Se habla mucho del sistema educativo finés como un modelo a seguir por sus calificaciones en pruebas externas tipo PISA: Sin embargo, recientemente Heller-Sahlgren ha manifestado públicamente que imitar el modelo finés sería un craso error pues desde hace 15 años el sistema finés está en decaimiento y que los buenos resultados -tanto de Finlandia como de Noruega- son de hace más de 20 años. ¿Por qué muchos colegios se han empecinado durante los últimos años en seguir el modelo finés en España?

Normalmente los resultados mandan. Es decir, si vemos que algo funciona tendemos a querer copiarlo; y eso, en esencia no está mal. La dificultad aparece cuando la copia no contempla estas variables contextuales tan complejas y encima no atiende a criterios escrupulosamente educativos.

Hay que copiar, sí, pero dando espacio a las necesidades de nuestro centro, bajo una reflexión profunda de lo que necesitamos, donde analicemos y pongamos sobre la mesa el impacto en la educación de nuestro centro que está teniendo nuestras decisiones ejecutivas.

España cuenta con colegios cuya puntuación en PISA está a la altura de los colegios top en el mundo, como los Escolapios de Soria, por ejemplo. ¿Qué reglas comunes se puedan aplicar en cualquier colegio para alcanzar la excelencia educativa?

Lo voy a intentar resumir de forma muy concisa y certera: lo primero, analizar qué prácticas están funcionando y por qué. En segundo lugar, adaptar esas prácticas a nuestros contextos y necesidades; y, por último, evaluar el impacto de nuestras prácticas en los aprendizajes de los alumnos. A partir de ahí, bajar ratios e invertir en más profesionales.

Abogas por una educación más individualizada en las aulas. ¿Qué pautas recomendarías a un docente con 25 alumnos por clase para lograr personalizar el proceso del aprendizaje?

Pues la verdad es que lo tiene complicado, mucho más que si tuviera 17. Es normal que con 25 al día alguno se te escape…claro que sí, pero la responsabilidad no es sólo del profesor. En cuanto a pautas me apoyaría en las metodológicas que hasta ahora sabemos que son las que mejor nos ayudan a esta personalización como pueden ser los proyectos o los paisajes de aprendizaje, quizás estos últimos los más completos que conozco para individualizar y personalizar el aprendizaje, ahora son fáciles de entender, pero complicados de hacer.

A propósito del concepto de educación bulímica que tú defines, donde los niños retienen conceptos y expulsan en el día del examen, ¿cómo estimas que un niño sí podría aprender y retener el conocimiento para toda su vida?

Bueno, los educadores tendemos a evaluar lo que vemos y eso está en áreas corticales, en memorias semánticas y episódicas…donde habitualmente la estrategia que hemos utilizado para estos aprendizajes ha sido la memorización o la mecanización de la información sin ni tan siquiera comprender la información que hay detrás, por eso se habla de bulimia; igual deberíamos repensar la metáfora, no deja de ser una enfermedad sensible a la población. Dicho esto, si queremos que los aprendizajes se fijen mejor debemos de entender que hay que trabajar desde todas las memorias, corticales y subcorticales, emocionales, motrices, semánticas…así ayudaremos a forjar redes sinápticas más complejas; pero además nuevamente la pedagogía nos da muchas pistas como por ejemplo evaluar el proceso y darle más peso que al resultado, para que el alumnado tenga más oportunidades de incidir y tomar consciencia sobre sus procesos de aprendizaje, desarrollar la metacognición.

Mencionaba recientemente José Ramón Gamo en este blog que lo verdaderamente importante para un alumno es “adquirir y desarrollar competencias que les permitan tener capacidad críticas”. ¿Qué tareas debe desarrollar un docente para que los alumnos sean críticos y se cuestionen lo que les rodea?

Primero educar en la incertidumbre, no pivotar toda la experiencia de aprendizaje sobre las certezas de lo que ya conocemos. Esto pasa como docentes por generar climas positivos en el aula para que el alumnado se pueda dar feedback y exista el disenso; fomentar el trabajo en equipo para que se den cabida diferentes opiniones: crear ambientes de ayuda y sobre todo que investiguen y lo hagan de diversas maneras y profundas…ayudarnos de proyectos, aprendizajes servicios….

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