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Blog Singladura

“HEMOS ASOCIADO, ERRÓNEAMENTE, MODERNIDAD CON INNOVACIÓN”

En un paso más por adivinar cómo alcanzar la excelencia educativa, en Singladura nos ponemos manos a la obra y buscamos referentes, docentes que hayan sabido dar esa otra “vuelta de tuerca” en su día a día para lograr cambiar –y mejorar- los resultados académicos. Hoy os traemos esta interesante entrevista con unas fantásticas reflexiones respecto a las características típicas de un colegio innovador de la mano del artífice de Escuela21, Alfredo Hernando.

Alfredo Hernando es el responsable del proyecto Escuela 21, donde se viaja alrededor del mundo para ver in situ las mejores prácticas en el sector educativo. ¿Por qué nace Escuela 21 y qué pretende conseguir dicho proyecto?

Como creador del proyecto se pretende buscar el cambio y la mejora en la educación basada en evidencias y en buenas prácticas a pequeña escala. Es necesario que exista investigación global e internacional en diversos países. Pero muchas veces estas investigaciones sirven para extraer conclusiones pero no respuestas prácticas. Y escuela21 nace con el fin de visitar y cuantificar estas experiencias para que cualquier profesor en cualquier lugar del mundo pueda llevarse una de estas buenas prácticas y ponerlas en funcionamiento. Hablamos con escuelas que creemos son exitosas y que lo que hacen en el aula y en el centro es perfectamente factible que lo puedas hacer tú. Se buscan estas experiencias, visitamos a los equipos y hacemos luego una adaptación pedagógica para que se pueda llevar al aula.

El esquema de Aula/Colegio/aprendizaje que se ha intentado llevar hasta fechas recientes, con alumnos que aprenden lo que el profesor explica, parece tener los días contados. ¿Cuáles son las principales características de un colegio innovador?

Hay que romper la batalla entre lo tradicional y lo innovador porque mucho de lo innovador tiene que ver con la tradición de la psicología y la pedagogía; y modernidad no significa siempre mejora. Una escuela innovadora es aquella que busca el éxito para todos y cada uno de sus alumnos sin distinción; es decir aquella que busca que todos sus alumnos consigan las mejores calificaciones. La escuela innovadora es la que se preocupa y vela por el éxito de todos sus alumnos. Y la innovación empieza en los alumnos y éstos son la mejor evidencia de qué estamos haciendo (los docentes), si hacemos lo correcto. Entonces, si hablamos de innovación no tenemos por qué estar hablando en contra de la tradición, sino que estamos hablando de la mejora de la vida de los estudiantes. A partir de ahí, la innovación se personifica en un conjunto de profesores que crecen, un conjunto de docentes que mejoran año tras año, que han encontrado otras vías para trabajar determinadas competencias o han trabajado sobre un proyecto de comprensión lectora que ha conseguido mejores resultados…La idea de innovación hay que unirla mucho más a crecimiento que a modernidad. Es algo que de alguna manera se ha malinterpretado: muchas veces nos referimos a innovación como tecnología cuando la innovación educativa se refiere únicamente al crecimiento de los docentes trabajando en la mejora de sus alumnos.

¿Cuáles son los retos a los que se debe afrontar un docente del siglo XXI?

Se podría hablar de muchas cosas…Cada docente ya tiene ante sí sus propios retos. Unos son muy competentes en la lectura, otros en tecnología, otros en piezas artísticas. Cada docente tiene unos gustos, unos talentos y ha llegado a ser profesor por múltiples razones. Y uno de los grandes retos de los docentes debe ser su aprendizaje continuo. Para enseñar hay que analizar cómo aprendemos nosotros. Lo que hoy pasa en el aula no tiene nada que ver con lo que pasó hace una década, ni con lo que sucederá dentro de otros diez años; y para eso es necesario aprender constantemente, estar muy informado, leer, acceder a redes sociales, compartir con otros compañeros. Hay que convertirse en buenos aprendices por naturaleza, y ese es el gran reto de la docencia ahora mismo.

Los docentes en otros países son la piedra angular y los mejores profesionales (reconocidos socialmente) ¿Por qué no sucede esto en España?

Ningún problema global tiene soluciones únicas. La valoración social del docente siempre está ahí. Nadie se atrevería a decir que lo más importante de un país no es la educación. Sin embargo, en el día a día ese debate se diluye.  Hoy sin embargo en España hay muchísimos docentes innovadores que están trabajando de manera voluntaria en su tiempo libre para ofrecer lo mejor a los alumnos. La otra realidad es que las Administraciones tampoco se lo ponen excesivamente fácil. Yo creo que ahora hay muchas diferencias en los resultados de los estudiantes entre diferentes CCAA. Ahora hay grandes docentes preparando enormes proyectos; pero lo que no puede ser es que a un colegio se le cambie la mitad de la plantilla cada año…Sería impensable que cualquier empresa mudara el 50% de su plantilla para volver a empezar cada mes de septiembre en el punto de inicio. Por eso los profesores necesitan ese apoyo social y un apoyo real –también- de tiempo y de recursos. Hay que entender que  los profesores tienen que ser recompensados si invierten tiempo en su formación fuera de la jornada laboral, que se les reconozca su trabajo en proyectos educativos; y que de ahí cale en las familias y reconozcan que los profesores trabajan en proyectos interesantes para sus hijos, que dicho profesor se ha convertido en un docente de referencia y que ahora trabaja en varios coles ayudando a otros compañeros, etc.

Somos los profesionales de la enseñanza los que debemos promover todas estas iniciativas ante la Administración para que cambie la percepción social.

El proyecto escuela 21 -y que lideras tú- ofrece una retrospectiva sobre el estado educativo en diversas escuelas alrededor del mundo. ¿Qué podría aprender un docente del mejor colegio de España de un colegio ubicado en un país del tercer mundo?

Cuando hablamos de escuelas innovadoras lo más importante es que cuando hablamos de innovación, educación y mejores colegios casi estamos haciendo una metáfora. Al final es una forma de decir que lo que estamos hablando es de equipos, profesores que trabajan juntos y lo hacen de la mejor manera; profesores que trabajan coordinados, en equipos y son capaces de mezclar contenidos. Una escuela innovadora es aquella que tiene un conjunto de docentes que se crece, que se entiende y que funciona muy bien. En cualquier lugar del mundo lo más importante es saber cómo construir ese equipo de docentes y cómo son capaces de colaborar. Y este hecho se puede encontrar en cualquier colegio del tercer mundo y también en cualquier país industrializado del primer mundo.

Mar Romera explicada hace unos días para Singladura que el mejor proyecto de escuela -no dudó- fue el de los CRAs (Colegio Rurales Agrupados) en tanto en cuanto se mezclan alumnos de diversa edad en el aula. ¿Cuál es -según tu criterio- las grandes bondades de esta tipología de colegios y, si tan efectiva es, ¿por qué no se implanta en colegios más urbanitas?

No hay un modelo de escuela único. El foco auténtico es entender que la unidad del cambio del sistema educativo es la escuela. Hay que trabajar de escuela en escuela y para ello tenemos que entender que cada colegio está en un barrio distinto, con unas necesidades y características propias y hay que ver qué se precisa para atender las necesidades educativas de cada niño, en aras de lograr el éxito educativo de cada uno de ellos. Por eso en Escuela21 tenemos un banco de muchas escuelas y cada una de ellas publica  un proceso de mejora. Podemos ver desde muchos enfoques qué es lo que en ese momento necesita. Hay escenarios que parece que se repiten, pero no es algo que puedan hacer todos los colegios en todas las ubicaciones a la vez. Cada docente tiene distintos conceptos y hay que elegir qué funciona para cada colegio en un momento puntual. Podemos buscar muy buenas prácticas pero hay que hablar con ellos para ver qué van a llevar a cabo. Estamos en un momento muy bonito con muchos escenarios distintos que funcionan

Hace años un profesor “jugaba” con sus alumnos y, para explicar la segunda guerra mundial, hizo que los niños comentaran a través de hipotéticas redes sociales los acontecimientos mediante hashtags, etc. ¿Cómo podemos sorprender a los alumnos?

No creo que el proceso de aprendizaje mejore cuando se sorprende a los alumnos todo el rato. El proceso de aprendizaje tiene momentos de activación, momentos de sorpresa, de recuperación, momentos de grupo, momentos de divergencia, de convergencia, de anclaje, de repaso, momentos de relajación… Hay partes que es necesario activar y tirar de una anécdota o momento de sorpresa; y la sorpresa juega un papel fundamental; al igual que el silencio pero no hay por qué estar en silencio todo el rato. Durante muchos años ha habido una falsa creencia donde silencio, estar sentado y escuchar era sinónimo de aprendizaje. Hemos interiorizado que escuchar equivale a aprender; o cuando el profesor decía “esto no lo hemos dado y no entra; como yo no lo doy, vosotros no lo veis” y hemos aceptado con naturalidad el lenguaje. Lo que sucede es que hoy hay términos como la sorpresa, el juego, el de la activación y que cuesta más introducir en el aprendizaje –simplemente- porque no ha tenido un hueco histórico en la escuela (y son necesarios). Pero no creo que la sorpresa tenga que estar todo el tiempo presente en el aula.

¿Las máquinas llegarán en algún momento a desbancar a los profesores en la labor docente?

No lo creo. Estimo que producirán ciertos valores añadidos en forma de nuevos materiales educativos que anteriormente eran impensables. Y ahí la tecnología está cobrando un papel muy interesante que está aportando unas muy buenas prácticas. Tendremos que saber integrar la tecnología en el aula pero no creo que nunca un robot llegue a dar clase.

Singladura anunció hace ya varios años que el futuro de la educación se llamaría colaborativo, donde alumnos de diversos países pudieran trabajar sobre proyectos comunes. ¿Cuáles son los beneficios de dicha educación colaborativa (o cooperativa)?

Los entornos colaborativos son una de las pocas metodologías que permiten trabajar a los alumnos la competencia social y ciudadana, la empatía y las habilidades sociales en cualquier área. Muchas veces nos preguntamos cuando sucede un desastre cómo educar a los niños en la empatía y el respeto; bien, la metodología colaborativa lo hace de manera transversal en cualquier área. Creo que es fundamental porque ganan tanto aquellos que menos puedan trabajar como aquellos que se implican al 100%.

Es una metodología muy versátil y hay que saber implementarla en el aula.

No consiste en hacer grupos y preparar un debate donde los alumnos expongan sus tesis. El entorno colaborativo necesita de roles, evaluarse, necesita tiempos, marcar las actividades, y genera un trabajo con muchas bondades, con una vinculación especial tanto con la tarea como con los compañeros; mejora la idea de pertenencia al propio colegio porque el alumno se siente aún más identificado con el proyecto educativo, con el aula, con el colegio.

La codocencia (más de un docente en el aula) está demostrando una eficiencia máxima del proceso de aprendizaje de los alumnos. ¿Cómo consideras que debe implementarse en un centro?

La codocencia, con los recursos que pone la Administración sólo es viable si juntas a dos clases; es decir: 50 alumnos y dos profesores Pero una codocencia real sería –si hubiera recursos económicos- juntar a dos profesores con 25 alumnos. Los resultados serían extraordinarios porque permite alcanzar la innovación educativa y trabajar por las necesidades de aprendizaje distintas que tiene cada escuela.

Si tenemos dos profesores en el aula que pueden estar más atentos a cada alumno, la idea suena realmente bien, una medida de gran éxito para luchar contra el fracaso escolar.

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