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Blog Singladura

La educación necesita urgentemente cambios; y uno de ellos es la forma de calificar a los alumnos

En nuestro ciclo de entrevistas en Singladura, y ya casi a punto de culminar otro curso académico, traemos hasta nuestro blog a Sonia Díez, una de las mentes más brillantes en el área de la educación, con ideas realmente disruptivas respecto a conceptos que muchos docentes tienen, inalterables, en la mente como escuela, calificaciones… ¿Cómo mejorar los procesos educativos en educación primaria, secundaria? ¿Y si llevásemos la teleformación, procesos de e-learning no sólo a estudios superiores, sino también desde “pequeñitos”?…Es momento de pasar a la acción, con Educación.

¿Cuál es el principal error en el que están cayendo muchos centros desde el punto de vista pedagógico?

Los colegios se crearon para ser “escuelas de vida”, un recurso valiente e inteligente que la sociedad ofrecía a sus niños y jóvenes para garantizar su autonomía económica y vital.

En sus orígenes, ese mandato se simplificaba mucho en la medida que el horizonte laboral se circunscribía al ámbito local, a expectativas familiares mermadas por tiempos de escasez y a un horizonte temporal previsible; pensemos sobre todo en sociedades agrarias, familias extensas y comunidades pequeñas con poco intercambio. Por esa razón la forma más sencilla de escolarización era estandarizar un periodo suficiente pero corto, que permitiera la independencia o la aportación a la unidad familiar cuanto antes.

Con el paso de los años, las sociedades se han ido haciendo más complejas, los horizontes más amplios, las familias más pequeñas y el futuro más incierto. En paralelo, los colegios se han ido haciendo más burocráticos, la normativa y procedimientos más extensos y estandarizados, los itinerarios académicos más rígidos y largos, más alejados de la realidad de ese mundo real en el que estamos inmersos, ese entorno VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo)…

El principal error de muchos colegios es el de haber olvidado su razón de ser, el de ser víctimas de un proceso de indefensión aprendida que el adiestramiento de esa obediencia bienintencionada ha generado en su cultura interna y no rebelarse contra ello. Han olvidado la insumisión de los héroes, la creatividad de los artistas, la valentía de los expedicionarios… y sin ellas, la educación se queda en poco más que un conjunto de técnicas utilitaristas, deja de ser un arte, una experiencia, una misión que va más allá de la memorización de procedimientos y datos. Quien prescinde de la oportunidad de convertir la oportunidad educativa en “un maravilloso juego de vida”, deja también de soñar y de creer en nuevos y mejores horizontes para todos. Uno no puede dar aquello que no tiene y si un colegio no se ve a sí mismo como el valedor del futuro de sus niños, como el lugar seguro en el que explorar y descubrir la realidad del mundo y los propios talentos sino como un mero trámite hacia la edad productiva, habrá perdido su razón de ser y será absolutamente prescindible.

Los colegios tienen un potencial transformador tremendo, sólo hace falta que se lo crean, que se ilusionen y que sean valientes para hacer lo que realmente creen que es mejor para sus niños y no lo que les viene impuesto.

¿Cómo hacer ver a los docentes -y a los alumnos- que lo importante no es la nota, la calificación final y que, por contra, hay un conjunto de cosas más importantes por las que luchar?

Estoy convencida de que la mejor manera es mediante la creación de un curriculum

experiencial integrado en el currículum académico: medimos lo que valoramos y valoramos lo que calificamos. Si empezamos a ofrecer cosas de valor añadido, como experiencias o programas de alta empleabilidad, y validamos el impacto que estos aprendizajes suponen para el alumno, reconociéndolos como méritos reales para “promocionar” o, incluso, para cambiar o elegir nuevos itinerarios, no sólo habremos abierto nuevas posibilidades sino que habremos conquistado su interés, su compromiso y su responsabilidad con su propio aprendizaje. Quiero un curriculum vitae posibilista, lleno de vida, que se centre en todo lo que está disponible para el alumno, frente a uncurriculum de “rigor mortis”, estanco, secuencial y predecible desde los 3 hasta los 18 años: ¡quince años de la vida de una persona! Estoy hablando, en última instancia, además, de personalización y de acompañamiento, sin ellos es imposible hacerlo.

Durante el pasado curso la covid19 nos puso sobre la mesa una forma distinta de hacer las cosas: la teleformación (y el teletrabajo) ¿Cuáles fueron los aspectos más positivos que la educación online podía haber ofrecido a los alumnos (y que quizá no se explotó)?

Las tecnologías han llegado para quedarse así que, siguiendo mi esencia posibilista, no hablaré en pasado sino en presente. La educación online puede – y debe – ofrecer a los alumnos la accesibilidad a los mejores recursos disponibles en cada caso: el mejor profesor de matemáticas, la mejor experiencia de trabajo colaborativo, la flexibilidad horaria, la ubicuidad entre el lugar de estudio y de ocio, la compatibilidad entre pasiones deportivas o artísticas y la formación reglada, la vida académica y profesional, el acceso a cursos personalizados… pero, sobre todo, es la inteligencia de datos la que puede dar un vuelco radical en la forma de aprender y de orientar al alumno. Me encanta el trabajo que están haciendo desde Flexischool en este sentido; se trata de aprovechar la hibridación entre lo bueno y valioso en la educación presencial y las posibilidades que se ofrecen al alumno combinando sus estudios reglados con un programa de alta empleabilidad que le abra puertas profesionales y le permita explorar sus opciones de carrera antes de tomar decisiones sobre qué estudios seguir. Es el acompañamiento personalizado el que, junto con la inteligencia artificial, va apoyando el itinerario del alumno y no al revés. Me parece una excelente oportunidad de agregar valor al tiempo de escolarización del alumno.

El e-learning (utilizando Internet como vehículo de conocimiento) empezó hace aproximádamente 15 años. ¿Abogaría usted por la formación online para los ciclos de educación secundaria y/o primaria?

Jajajaja… ¡sí! Yo estaba allí hace 15 años… ¡creando la primera escuela de negocios online en España! Fueron tiempos apasionantes, tiempos de quimeras y desafíos que en más de una ocasión nos llevó al rechazo y menosprecio del statu quo… tiempos a los que les debemos muchos de los avances y resultados de los que bebemos ahora.

Yo creo en la hibridación. Creo firmemente en que le educación integral requiere de la presencialidad porque el cerebro humano es profundamente social pero también creo que no hay excusas para excluir o limitar el aprendizaje de un alumno por razones de capacidad, ritmo o preferencias del tipo que sea y ahí la formación online abre todo un mundo de posibilidades. Estoy convencida de que los retos educativos futuros pasan por la flexibilidad y la personalización de los aprendizajes y que esto redundará en un mayor bienestar del alumno.

Tampoco tengo la menor duda de que la potencialidad que ofrecen las pedagogías online interactivas va a suponer un gran reto y un enorme desafío a la organización del sistema (calendario escolar, horario escolar, ratios en las clases, agrupación de alumnos,… y, por supuesto, rol docente, retribuciones y exigencias sindicales, entre otros…) pero es un asunto irreversible.

Limitar el aprendizaje no tiene el menor sentido y la formación online es una ventana de oportunidades, flexibilidad y personalización innegable. Lo importante es conseguir que los colegios no lo vean como una amenaza ni como una presión adicional. Esto es difícil porque jamás antes se ha pedido tanto esfuerzo ni una dedicación tan intensa y novedosa por parte de los profesores y eso genera desconcierto, dudas, inseguridad y mucho stress. Por ese motivo es fundamental que salvemos esta circunstancia de forma colaborativa con empresas que ya vienen realizando estos servicios (a eso me refería antes cuando hablaba de Flexischool: no es necesario que un colegio – cada colegio – tenga toda una infraestructura preparada para esa hibridación de forma inmediata sino que lo normal, lo correcto, es trabajar de la mano de otros que se ocupan de apoyar esos procesos con experiencia y avales suficientes y sin poner en riesgo ni la salud de los profesores ni la experiencia del niño). Para los alumnos de secundaria y bachillerato las oportunidades son enormes y hay que reconocer que, con un 30% de abandono y fracaso escolar no están para experimentaciones: es urgente rescatarles con recursos que hayan probado su eficacia en cuanto a motivación y aprendizaje online. Hay que buscar la eficacia de las soluciones que se apliquen y lo mejor es que estén ya contrastadas, estableciendo acuerdos con terceros al menos temporalmente, hasta que se hayan compensado las pérdidas y desfases que existen actualmente.

Los alumnos de primaria, por el contrario, deben, preventivamente, incorporar medidas flexibles de aprendizaje pero no de forma obligatoria. Su necesidad y equilibrio en cuanto a la atención presencial en el colegio es muy diferente a la que tienen los adolescentes.

Numerosas metodologías educativas introducen en el aula determinado conocimiento práctico como cocina, costura, plancha… ¿Cree que sería positivo para los chavales recuperar viejas habilidades para su día a día?

Absolutamente. Si nos ceñimos a lo que decíamos al principio, son aprendizajes de vida que potencian su autonomía y libertad de forma adaptativa. Son buenos y necesarios (además de muy divertidos y de impacto positivo dentro de la unidad familiar y comunitaria)

Por cierto, y hablando de habilidades….¿cuentan los alumnos con las suficientes habilidades para incorporarse al mundo laboral (ya sea en la etapa preuniversitaria o bien hablando de licenciados)?

No. Absoluta – y preocupantemente – no. Los alumnos están preparándose para trabajos que aún no existen y con herramientas y destrezas que ya ni siquiera se usan… es dramático. Sólo se les ofrecen programas de todo o nada: bachillerato vs formación profesional, universidad vs ciclos formativos, selectividad vs formación no reglada… ¡es de locos! El mundo académico y profesional debe de tender a una convergencia y crear pasarelas de reconocimiento mutuo y, al mismo tiempo, debemos permitir dos cosas: una mayor exploración del mundo profesional por parte de los alumnos y una orientación profesional de calidad

En una ocasión, haciendo el camino de Santiago, coincidí con una pareja que estaba recorriendo Europa con su hijo pequeño, de 9 años. El niño estaba obviamente sin escolarizar pero los padres señalaban que el niño estaba aprendiendo todo lo necesario y mucho más estando en contacto con la naturaleza. ¿Deberían recuperarse ciertas costumbres y una vuelta a lo natural?

La educación no es un producto sino una experiencia. La escuela debe ser una experiencia de gran valor educativo, no solo académico, y hay que reconocer que no siempre lo es porque casi siempre colmatamos el tiempo de “cosas que hay que hacer” o “deberes”. Muchas veces me sorprende la rigidez con la que obligamos a los niños a cumplir con una secuencia de clases que no siempre justifican el aprendizaje que se obtiene de ellas y sin embargo les negamos tiempos de juego o espacios de libertad que aportarían valor a sus procesos de pensamiento o creatividad. Un horror vacui o “miedo al vacío”, que dirían los artistas, que nos lleva a colmatar de actividad un tiempo precioso y necesario para re-crearse en el pensamiento.

Por otro lado, me gusta pensar que las familias tienden a compensar y reforzar los aprendizajes de sus hijos con experiencias que consideran valiosas para ellos.
Yo hice el camino de Santiago desde Tarifa (Cádiz) y desearía que todos los jóvenes pudieran disfrutar de una experiencia semejante… ¿un colegio itinerante? ¡Porqué no!, ¿un contacto con la naturaleza? ¡Sin duda, imprescindible, cuanto más, mejor!, ¿un tiempo de convivencia de calidad y unión familiar? ¡No puede haber mejor legado para nuestros hijos!… a eso me refiero cuando hablo de educación flexible y personalizada o cuando hablo de hibridación… ¿realmente podemos decir que un alumno que no asiste a clase de forma presencial durante X tiempo porque está teniendo una experiencia como esta con su familia está “perdiendo el tiempo” o es todo lo contrario…?

Un niño de EEUU (Logan Laplante) señaló hace años que había que “hachear” la educación y centrarla en aquello que fuera de interés para los propios alumnos, algo así como una formación más ad hoc para cada niño. ¿Todos los niños deben estudiar -y con la misma intensidad- todas las asignaturas?

El precio medio existe pero el alumno medio no: cada niño es único e irrepetible y sólo tiene una oportunidad de vivir su infancia y su escolarización. Nadie querría vivir la vida de otro, sólo hay un puesto libre: el de ser uno mismo. Tenemos un sistema rígido que no cuida suficientemente del bienestar de los niños: hace falta más ejercicio, más creatividad, más naturaleza, más juego, más oportunidades de tomar iniciativas y decisiones, más ternura, más delicadeza, más espacio, más tiempo,… y no se puede meter más cosas donde ya hay exceso de otras. Estoy de acuerdo en que hay que hackear la educación en sentido estricto: desmontar, deconstruir para recomponer las piezas de formas más respetuosas e interesantes para los niños. La cultura de los hackers apuesta por el trabajo compartido y placentero, por la curiosidad y por el constructivismo… eso también es posibilismo y ¡me gusta! Posibilismo en pie de acción, de ¡EducAcción!

Singladura es una empresa consolidada con más de 27 años de experiencia en el sector del equipamiento escolar. Distribuimos, diseñamos e importamos una amplia gama de productos: sillas infantiles, armarios archivadores, muebles organizadores, pizarras blancas, armarios metálicos, taquillas, muebles archivadores, librería escolar, sillas de metal o mesas infantiles de madera, pero también muebles de oficina, armarios de oficina, archivadores de oficina o mesas abatibles, mesas plegables, mesa plegable infantil, mesas cuadradas y muchos más.

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